sábado, 27 de julio de 2013

Nota de Laura Fiori sobre "Laberintos (no te pierdas)"



ILUMINADOS POR EL CAMINO DEL HÉROE


La obra muestra la angustia existencial de nuestros tiempos cuando sobreviene una crisis.  Frente a esta angustia (el laberinto), en cada ser humano vive el mito del héroe como fuente inagotable de solución creativa para los conflictos. Aparece en sueños y en las expresiones artísticas: Cito a Joseph Campbell en El héroe de las mil caras:
“El héroe es el hombre o mujer que ha sido capaz de combatir y triunfar sobre las limitaciones históricas personales (…). El héroe ha muerto en cuanto hombre moderno; pero como hombre eterno ha vuelto a nacer. Su tarea y hazaña formal ha de ser volver a nosotros transfigurado y enseñar las lecciones que ha aprendido sobre la renovación de la vida.”
Así pues, el Hombre Perdido nos interpela y representa el camino del héroe en tres etapas: la  partida, la iniciación y  el regreso.


LA PARTIDA

La primera etapa de la transformación consiste en el llamado a la aventura, donde pareciera que el azar lleva al Hombre a  la Plaza Roma. Seguidamente, el Hombre encuentra un Viejo sentado en una mesa y le pregunta cómo salir. El Viejo le revela la situación: “Todos estamos perdidos (…) Venimos aquí para perdernos”. Luego le señala la mesa y le explica que los dibujos que forman las cerámicas arman varios laberintos. El Hombre realiza el rechazo del llamado: se niega a buscar las claves de su propio laberinto en las cerámicas de la mesa.  
El cruce del primer umbral: llega la noche y el Hombre siente miedo. Crece el desasosiego, la angustia por no poder volver al hogar. Encuentra una Prostituta quien le da una información muy valiosa: “A esta altura la situación ya no la manejás vos”. El Hombre la sigue al hotel, abandona el mundo conocido para entrar en un mundo diferente (también llamado “mundo mágico”, “conciencia no ordinaria”, “el inconsciente”, “las profundidades del ser”).


LA INICIACIÓN

 En la penumbra del cuarto, el Hombre y la Prostituta entablan un diálogo que muestra la incomprensión entre el hombre y la mujer. Ella le pregunta si  habla con su esposa después de hacer el amor, él se encuentra enojado porque ella lo lleva al centro del conflicto familiar. Cuanto el Hombre más se enfurece, ella más se mofa tirándole el humo del cigarrillo, juguetea siniestra y le dice que es su único consuelo.
Ella es quien lo lleva a las profundidades de su ser cuestionándole por qué se fue de su casa por la mañana dando un portazo y en vez de ir al trabajo, tomó un colectivo hacia cualquier parte. Burlona le pregunta por qué hizo eso y lo llama “cagón”.  Aquí aparece un elemento mágico, pues ella sabe muchas cosas de él, opera como diosa en ese mundo, lo inicia en La noche oscura. Cito a Joseph Campbell:
“Tal vez algunos de nosotros tienen que atravesar caminos oscuros y desviados antes de encontrar el río de la paz o el camino más alto del destino del alma.”
Sucede el rompimiento: por la mañana en el hotel, el Hombre no entiende la complacencia del Señor Vivot, el encargado del lugar, por más que éste trate de persuadirlo para que se quede ahí perdido. El Hombre decide salir, luchar, se forja a sí mismo como héroe:
“El hombre camina. Camina en la mañana soleada. Aunque no ha dormido bien, sus músculos funcionan. Sin dificultades, elásticos, funcionan. Va entre la gente, sin rumbo, sin propósitos. Camina, nada más bajo un sol que entibia de a poco la mañana. El hombre va. Sus pasos finalmente  desembocan frente a la plaza. El hombre sonríe entre dientes. Historia repetida, la plaza, una vez más. No duda en cruzar la calle, en internarse por uno de los senderos de greda. Aspira un reconocimiento el aroma familiar de los tilos. La plaza, una vez más. Y todo parece tan normal. Tan normal…” (Laberintos)
En la plaza, el Hombre encuentra al Viejo y le narra un sueño que tuvo la noche anterior, es la prueba del abismo. El sueño representa la crisis más grande donde el Hombre se enfrenta con su propia muerte; su familia incinera el cuerpo y es el fuego el símbolo de la transformación, finalmente el Hombre ve una luz (resurrección) y al Viejo junto a la misma.

Bendición: el Viejo le da al Hombre la clave fundamental al interpretar el sueño:
“A eso venimos a la plaza: a morir y renacer de nuevo. Una segunda oportunidad, y habrá algunos que la aprovechen y otros no. Cada cual elige.”
También le explica las razones por las cuales ha descendido:
“En cuanto a los problemas, todas las vidas terminan pareciéndose. Es en la solución de los problemas que las vidas empiezan a ser distintas (…) Es curioso, cuando llegué aquí dudaba entre matar a mi mujer, suicidarme o irme muy lejos. Ahora estoy ansioso por volver.”
La experiencia del Viejo se convierte en una fuente de fortaleza: puede regresar porque ha descifrado su laberinto.  Insiste:
“Cuando uno empieza a comprender el laberinto se aclara”.


EL REGRESO

Al final de la obra, antes de despedirse el Viejo le dice al Hombre:
“Tarde o temprano, usted va a tener que elegir”.
El Hombre mira al Viejo hasta que éste desaparece. Vuelve a la mesa con parsimonia y comienza a estudiar la superficie de la mesa: su propio laberinto. Entiende que no llegó a la plaza por mero azar, sino que él está implicado. Vuelto sobre sí mismo, responsable, queda al pie del regreso.
“El laberinto se conoce meticulosamente, sólo tenemos que seguir el camino del héroe. Y donde habíamos pensado encontrar algo abominable, encontraremos un dios; y donde habíamos pensado matar a otro nos mataremos a nosotros mismos; y donde habíamos pensado que salíamos llegaremos al centro de nuestra propia existencia; y donde habíamos pensado que estaríamos solos, estaremos con el mundo (Joseph Campbell)”.


                                                                                                            Laura Fiori, 2013

                                                                                         (docente de literatura y poeta)

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